Estoy naturalmente extraño. Sueño o estoy despierto. Por un segundo la mascarada parecía caer, pero mis propias manos de sueño la sostuvieron. Hace frío y lo acepto, hasta donde mi límite de viajante en bicicleta lo permite. Creo que no importa el sitio (vigilia o sueño) donde nos encontremos. Vivamos. Listo.
superbia.vitae / timor.mortis
Tuesday, January 23, 2007
Wednesday, January 03, 2007
Friday, August 19, 2005
No hay métodos para desaparecer. Si exigimos fidelidad a lo real, no hay fórmula para nada. Al cuestionar muestros límites, hemos de tomar en cuenta ese principio: no hay fórmulas. Aceptando su condición, traspasando el sentido que hilvana las tres palabras y mesclando el tiempo entre ellas, surge la verdad que todo ser humano lucha la vida entera por alcanzar: no hubo, no hay y nunca habrá fórmulas para existir en este mundo. |
Thursday, August 18, 2005
Morder en masa viva
es el fuego en el polvo del pan
harina negra
un teatro alimento en cenizas
fugitiva marcha al viento
tormenta de fuego en los dientes
morder en masa viva
es
de algún modo
el pontificio del sabor
la apertura de la lengua
en los hornos impotentes encendidos
donde hay los panes puños cerrados
el golpe surge entre pulmones
¿qué hacer con esa tos vuelta trozo
de lo que más falta?
es pan
envuelto en la piel de los muñones de los dedos
la partitura de un día más en la basura
las manos escondidas en el ansia del estómago
hambre secreta
la frontera hacia la muerte
está en la multitud que no se ve
harina negra
un teatro alimento en cenizas
fugitiva marcha al viento
tormenta de fuego en los dientes
morder en masa viva
es
de algún modo
el pontificio del sabor
la apertura de la lengua
en los hornos impotentes encendidos
donde hay los panes puños cerrados
el golpe surge entre pulmones
¿qué hacer con esa tos vuelta trozo
de lo que más falta?
es pan
envuelto en la piel de los muñones de los dedos
la partitura de un día más en la basura
las manos escondidas en el ansia del estómago
hambre secreta
la frontera hacia la muerte
está en la multitud que no se ve
Thursday, August 11, 2005
| No desesperarse. El pinche trabajo es una mierda, así, literal. Doce horas diarias y contando. Y eso sin abrir el abanico de la vida jodida que me cargo. No desesperarse. Miren, puede salir algo a lo Bukowski: no desesperarse. el pinche trabajo es una mierda, así, literal. doce horas diarias y contando... y así, hasta que el infinito nos de en la puta nariz. |
Pronto, pronto algo bueno.
Monday, August 01, 2005
¿Qué más hacer esta tarde de lunes a las dos treinta, mientras escucho el disco Alice de Tom Waits, mientras un lento boquete de hambre se abre en mi estómago, mientras sonsaco a mis ganas de no morder ese hombro blanco, con esas gotas permanentes que lo cubren y le dan cierta apariencia felina, quizá salvaje, no obstante poco dispuesto para mis dientes? ¿Qué más hago sino transferir este viejo poema que alguna vez escribí del papel a la pantalla?
L A F U R I A T E H A R Á V O L V E R
lava mi sendero
con el jabón de tu piel derretida
es tu reto del veintisiete
de junio
rechazo el decoro
con que tus rodillas abren paso al perdón
sobreviene el frágil golpeteo
de un último lazo sanguíneo
enfermo el sol acaricia la vida
triste concepto la existencia
galgo enfurecido con la tempestad
lava mi sendero o ríe de tu cordura
nadie lo sabrá
coloca tu torso en mi refinado asiento
enseñorea tus nalgas en la parrilla
te lubrica el sudor
linda conducta
eso es
vibra si quieres
no despiertes a tu madre-esperanza
para un lugar real
falta un estrecho caleidoscopio
en el que no entre tu ser
en el que habiten
un selvático pulmón que no respire
un arroyo de lucidez mineral
una bolsa de pistaches
un álgido espacio negro de la biblia
del corán y recetas de cocina
una ligera perversión de plaza de toros
un partidario de la voluntad
una comunidad de vacíos parlanchines
un murmullo
pretendes escape limpio
la furia te hará volver
lava mi sendero o muerde el trapo azul
para no romper tus dientes
esto dolerá lo necesario
Friday, July 29, 2005
Desaparición / Candado
D.
Cierto día, Fanshawe desapareció.
Un día de libertad enferma.
Así es como se construyen las habitaciones cerradas.
Así es como esta música se interpreta.
No saber.
Ignorar el interior.
Un cisne degollado, hervor de océanos, suturas de atmósfera, almendras extraviadas, niños ciegos con tres dedos, cadenas infecundas, vida caída.
Es una música pastosa de la que es imposible extraer armonía.
No hacer la vida.
Súbita creación.
Desaparecer es iluminar sangre en los muros o en los espejos o en la vestimenta, en el sexo, en la muerte.
Artaud en México, Corgan tras el sonido, Van Gogh bajo sol, Reznor aislado tras la muerte de su abuela.
No recuerdo nombres que deseo recordar.
Algunas pieles...
Cierta piel huele a plástico, otra piel huele a una forma de tabaco. Supongo la piel que tiene olor a mantequilla.
El fin se precipita.
Habrá el vértigo: yo sobre el fin.
Yo en busca del fin. El final de estos días, tales aromas de piel, quizá los nombres olvidados no necesiten de la memoria, fotografías, siempre antes, ansío generar en este antes la perpetuidad, estar donde ya no estaré, ilusiones para abrir la desaparición. Unas contra otra y vaciar en la realidad el asco de la gula que inmoviliza.
Vaciar el asco de lo inmóvil.
Lo que pienso es inservible contra lo que siento.
Los cuerpos son magníficos para desaparecer, como habitaciones cerrada. Pero es mutilación esta magnificencia.
En todas partes habitaciones cerradas.
En cualquier lugar Fanshawe.
Oscuros o claros los ojos es lo mismo.
Máquina orgánica.
Aceite en sitios adecuados es la vida.
Creer que la pluma clavada en la mano no es real.
El lápiz que revienta el ojo.
Es tedio, hastío, no hay lealtades.
Me conmueve lo que anhelo.
Furtivo Monk es mansalva.
Destierro al frío.
El abrigo y cuello cerrado es refugio.
Valor a lo gélido.
El piano en sí no es destino, pero gran horizonte.
Contrabajo es el grueso bisturí, seca cirugía, indudable parsimonia que late al golpe abierto de platillos y baquetas.
Sólo así se sobrevive.
03 diciembre 2002
C.
El candado de nuestra boca, el candado íntimo, la fugaz realeza de la saliva.
El metal que cierra carne, mas no deseo.
El candado como ciclo estival depurado.
El candado como forja de entusiasmo, ilimitada bandera que un instante endureció.
El candado por la libertad.
El candado por los muertos.
El candado por Argentina.
El candado por 1968.
El candado por un oleaje de perdición.
El candado por la costumbre de la nostalgia, una melancolía del asco y el fervor mínimo.
Los candados son falacias patentadas en quien no desea ser libre.
La errancia en círculos es el candado.
El candado de los dedos curvados, el fórsep asturiano, las ridículas blasfemias en boca tímida.
El candado no es un océano, no abre conciencias como el fondo de los mares; sí, en cambio, es el vistazo reticente que un firme cielo arroja al paracaidista, amante de la gran boca azul.
Eso es el candado, un perro de especie limpia.
Esto es el candado, un sortilegio de tus ojos que leen.
El candado alivia la espora de la desesperación.
Al cofre de la inclemencia no lo inquieta un candado, ni el aire de mil articulaciones, ni la vergüenza.
El candado ardiente aún no existe, el calor de una uña es frugal, detestable.
La aridez en su armonía niega mi posible alcance a la apertura eterna.
Sorprende la brazada de un candado en el desierto.
Es cierto que en los candados los mitos se multiplican, las miserias de Averroes en cardumen se convierten, las artes plásticas sucumben.
Cotidiana censura a la poesía, a veces el vómito en ciclos, sin paz.
El candado o el metal en víscera; sin embargo, la figura de puente cediendo allegros al paso; no obstante, esa calvicie tan animal, excedida en frigidez.
18 febrero 2003
Cierto día, Fanshawe desapareció.
Un día de libertad enferma.
Así es como se construyen las habitaciones cerradas.
Así es como esta música se interpreta.
No saber.
Ignorar el interior.
Un cisne degollado, hervor de océanos, suturas de atmósfera, almendras extraviadas, niños ciegos con tres dedos, cadenas infecundas, vida caída.
Es una música pastosa de la que es imposible extraer armonía.
No hacer la vida.
Súbita creación.
Desaparecer es iluminar sangre en los muros o en los espejos o en la vestimenta, en el sexo, en la muerte.
Artaud en México, Corgan tras el sonido, Van Gogh bajo sol, Reznor aislado tras la muerte de su abuela.
No recuerdo nombres que deseo recordar.
Algunas pieles...
Cierta piel huele a plástico, otra piel huele a una forma de tabaco. Supongo la piel que tiene olor a mantequilla.
El fin se precipita.
Habrá el vértigo: yo sobre el fin.
Yo en busca del fin. El final de estos días, tales aromas de piel, quizá los nombres olvidados no necesiten de la memoria, fotografías, siempre antes, ansío generar en este antes la perpetuidad, estar donde ya no estaré, ilusiones para abrir la desaparición. Unas contra otra y vaciar en la realidad el asco de la gula que inmoviliza.
Vaciar el asco de lo inmóvil.
Lo que pienso es inservible contra lo que siento.
Los cuerpos son magníficos para desaparecer, como habitaciones cerrada. Pero es mutilación esta magnificencia.
En todas partes habitaciones cerradas.
En cualquier lugar Fanshawe.
Oscuros o claros los ojos es lo mismo.
Máquina orgánica.
Aceite en sitios adecuados es la vida.
Creer que la pluma clavada en la mano no es real.
El lápiz que revienta el ojo.
Es tedio, hastío, no hay lealtades.
Me conmueve lo que anhelo.
Furtivo Monk es mansalva.
Destierro al frío.
El abrigo y cuello cerrado es refugio.
Valor a lo gélido.
El piano en sí no es destino, pero gran horizonte.
Contrabajo es el grueso bisturí, seca cirugía, indudable parsimonia que late al golpe abierto de platillos y baquetas.
Sólo así se sobrevive.
03 diciembre 2002
C.
El candado de nuestra boca, el candado íntimo, la fugaz realeza de la saliva.
El metal que cierra carne, mas no deseo.
El candado como ciclo estival depurado.
El candado como forja de entusiasmo, ilimitada bandera que un instante endureció.
El candado por la libertad.
El candado por los muertos.
El candado por Argentina.
El candado por 1968.
El candado por un oleaje de perdición.
El candado por la costumbre de la nostalgia, una melancolía del asco y el fervor mínimo.
Los candados son falacias patentadas en quien no desea ser libre.
La errancia en círculos es el candado.
El candado de los dedos curvados, el fórsep asturiano, las ridículas blasfemias en boca tímida.
El candado no es un océano, no abre conciencias como el fondo de los mares; sí, en cambio, es el vistazo reticente que un firme cielo arroja al paracaidista, amante de la gran boca azul.
Eso es el candado, un perro de especie limpia.
Esto es el candado, un sortilegio de tus ojos que leen.
El candado alivia la espora de la desesperación.
Al cofre de la inclemencia no lo inquieta un candado, ni el aire de mil articulaciones, ni la vergüenza.
El candado ardiente aún no existe, el calor de una uña es frugal, detestable.
La aridez en su armonía niega mi posible alcance a la apertura eterna.
Sorprende la brazada de un candado en el desierto.
Es cierto que en los candados los mitos se multiplican, las miserias de Averroes en cardumen se convierten, las artes plásticas sucumben.
Cotidiana censura a la poesía, a veces el vómito en ciclos, sin paz.
El candado o el metal en víscera; sin embargo, la figura de puente cediendo allegros al paso; no obstante, esa calvicie tan animal, excedida en frigidez.
18 febrero 2003

